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viernes, 21 de junio de 2019

LA TEORÍA DEL TIEMPO CHICLE


Con el tiempo te das cuenta que al final de una juerga, y en torno a la ¨última copa", se suelen decir verdades tan grandes y sólidas como templos. Ayer, sin ir más lejos, me acordé de Koldo, el de la cuadrilla, cuando con lengua de trapo (empapada en alcohol, naturalmente) me dijo aquello de que "El tiempo no deja de ser un chicle que se puede estirar y encoger a conveniencia, todo depende del interés que le pongas a cada instante".

Lo dicho, ayer me acordé de Koldo, y hasta de su prima, cuando en solo tres pisos, en el ascensor, Mari Puri (precisamente "la del tercero") me dijo, entre otras muchas cosas, que este año estaba pasando mucho tiempo ya para que al marido de La Pataki, Don Chris Hemsworth, no le hubieran nombrado todavía "Tambor de oro" por sus declaraciones a una revista internacional, pero en su versión española, en las que confesaba que tras Australia, de dónde él es originario, Donosti sería la ciudad en la que le gustaría vivir.

Entre el segundo y tercer piso conseguí colarle mi opinión, y le dije que sinceramente los oasis conviene quedárselos para uno mismo, porque de lo contrario dejan de serlo.

Creo que a Mari Puri le faltó un piso para arrebatarle ese premio que todavía no le han dado al Señor Hemsworth. Y es que todo es opinable y hasta argumentable, y más cuando en un momento dado se ha puesto el listón a cierta altura, especialmente de la repercusión mediática de sus declaraciones, y te viene un mocetón de más de uno noventa y te hace trizas las expectativas, lanzando el martillo de su opinión tan lejos que si no se agacha le pega en la nuca.

En momentos así, cuando tres pisos, y en virtud de la teoría "tiempo chicle" de Koldo, se te hace un viaje exageradamente largo, doy gracias por no vivir en el último piso del Empire State.

*FOTO: DE LA RED

miércoles, 8 de octubre de 2014

MERCADONA, O LOS DAÑOS COLATERALES

Ojeando las noticias del día, y en un discreto segundo plano, he comprobado que Mercadona, gran cadena de supermercados, por fin entra en Euskadi, la única zona del estado en el que todavía no se había extendido.
Como decía ayer, en el artículo relacionado con el ébola, este vecino es un malpensado, y no puede hacer nada por evitarlo, porque le viene de serie. Por eso al enterarme de la noticia he estado indagando un poco sobre el tema, y en muy poquitos años van a inaugurar unos veinticinco centros. Lo que ocurre con el tema es que como siempre, este vecino no ha encontrado que se vaya a construir uno en Donosti, la zona más cercana es Irún, hacia el 2016/17.
Uno sabe que estos establecimientos tampoco van a ser el rejuvenecimiento para nuestros bolsillos, pero siempre que hay competencia, al menos, es mejor para ellos.
Este vecino tiene no sé si llamarle una teoría, quizás sea demasiado pretencioso, pero sí al menos una opinión al respecto.
En el caso concreto de Mercadona, no nos vamos a engañar, es un rival directo de algo muy nuestro, desde el punto de vista del vasco, como es Eroski, pero lo mismo que Eroski puso su “pica en Flandes” o en este caso en el País Valenciá hace muchos años, me parece que la respuesta de Mercadona se ha hecho esperar, y personalmente no me creo que haya sido por motivos políticos, por ETA concretamente, como se ha dejado entrever hoy en alguna emisora de radio.
No hay más que ver que en las cadenas de tiendas a nivel nacional, aquí no se “deja” abrir los días de fiesta. Nos pueden contar mil milongas sobre el comercio “amigo”, sobre el comercio “del de toda la vida”, pero al final la pela es la pela, y si al vecino de a pie le puede salir un poco más barato, pues mejor digo yo. Porque entre otras cosas no me gusta que decidan por mí, y lo están haciendo desde hace muchos, muchos, años.
No se puede tener de todo, me dirá más de uno, y eso me retrotrae a hace bastantes años en mi vida, unos quince o dieciséis. Un compañero de trabajo al quedarme sin vacaciones de Semana Santa  me dijo (y ni se me ha olvidado, ni se me olvidará nunca)  “no se puede tener de todo en esta vida”, ni que decir tiene que me tuve que quedar trabajando, porque se iba él. En mi opinión, lo mismo ocurre aquí, deciden por nosotros pero no porque sea bueno para nosotros, sino para los de siempre, los poderosos, tengan o no txapela.
En Donosti durante muchos años, no hablo de ahora, sino de hace años, han gobernado personas que tenían intereses fuera del ayuntamiento, alguno en algún hotel y diferentes comercios, que ahora me viene a la memoria, y se gobernaba apoyando lo nuestro, que en realidad era lo de “ellos”.
Este vecino, durante diferentes épocas de su vida, ha trabajado de cara al público, turistas concretamente, en Donosti. Y un día sí y el otro también me preguntaban por la ubicación de “El Corte Inglés”, y al decirles que en esta ciudad no había, no hay todavía, como se suele decir vulgarmente, “se quedaban alucinados”. Y en más de un caso, porque venían varias personas a la vez a preguntar, había alguien que en voz baja, y con cara de haber descubierto America, decía: -Es que “El Corte Inglés” solo hay en ciudades importantes.
A eso se le llama “daños colaterales”, o como hubiera dicho mi recordado compañero de trabajo: -No se puede tener de todo en esta vida-. Pero a mí personalmente, me jode, y esta vez, no pido perdón.
Y como siempre me gusta terminar con una sonrisa, aunque sea amarga, diré que de algo tiene que servir vivir en una de las ciudades más caras de España: El día que vaya, si voy, a Las Vegas, seguro que no me parece tan caro. Algo es algo.

*FOTO: DE LA RED

martes, 5 de agosto de 2014

SOBREVIVIENDO CUM LAUDE

Como hubiera dicho el Padre Cipriano, un cura de los de antes, lo importante es llegar a la fe, sin importar el camino recorrido.
Eso le ha pasado a un amigo, que llamándole hoy para felicitarle por su cumpleaños, me ha informado de que él mismo ha llegado a la conclusión de que la crisis ha terminado. No, no es economista, si lo fuera a lo mejor no se hubiera dado cuenta de eso, tiene estudios contables, pero especialmente sabe fijarse en lo que pudiéramos denominar “los signos externos”.
A él le ha valido fijarse en el detalle de que el anuncio de COFIDIS, esa compañía que presta dinero, tras mucho tiempo desaparecido, ha vuelto a nuestras pantallas de televisión. Y “esos”, como mi amigo me ha dicho, tienen que saber algo del negocio.
Quizás la teoría de mi amigo tiene el mismo sustento que la teoría del grajo y el frío. Teniendo en cuenta que este blog se lee desde muchos puntos, muy alejados, del mundo, voy a exponer la citada teoría, en la versión oída a la Señorita Mari Puri, una vecina octogenaria, soltera convencida, de misa diaria, que “cuando el grajo vuela bajo hace un frío exacerbado". Ella, aunque en su versión, omite la rima de grano grueso, seguro que todavía tiene más base que la exhibida por el gobierno español, que hace ya unos dos años nos habló de “los brotes verdes”.
Tal vez la teoría de mi amigo se quede en una de las denominadas “serpientes de verano”, que hace ya años se inventaban algunos periodistas para rellenar los periódicos famélicos de noticias durante la "canícula", como entonces se decía, motivado especialmente por estar de vacaciones los máximos candidatos a producir noticias el resto del año.
Pero sea serpiente de verano o no, a este vecino le ha alegrado el día, porque mientras algunos se refocilan totalmente en el negro, especialmente en las cuentas y en el dinero de ese color, él, el vecino, lleva una vida más blanca que nunca, especialmente “disfrutando” de los “productos blancos” de las grandes superficies.
Y es que algunos no queremos recurrir a un “cofidis” cualquiera, porque por la teoría del mismo vecino "si no me puedo arreglar yo, difícilmente me va a arreglar la vida otro". Este vecino tampoco se ha doctorado en “económicas” como el mencionado amigo, simplemente ha estudiado “humanidades vecinales” por la Universidad de su barrio, y aunque no ha obtenido un doctorado, ha conseguido sobrevivir cum laude.

*FOTO: DE LA RED

martes, 1 de octubre de 2013

SE LO VOY A DECIR A TU PADRE


De sobra es conocida esa teoría de que los niños tienden siempre a adorar a la madre, y las niñas al padre. Este vecino tras pensar mucho en su pasado, que se supone no debe diferir mucho del de la mayoría de vosotros, piensa que la figura paterna es esa gran desconocida, y estamos hablando de una época, que siempre hay que tener en cuenta, de mediados de los cincuenta a comienzos de los setenta, en la que haciendo un paralelismo con aquella cursi canción, pero pegadiza, de Julio Iglesias, este vecino pasó de niño a hombre.
Si a un matrimonio le quitas todo ese atalaje de amor y contigo-pan-y-cebolla, queda en realidad una sociedad diríamos que mercantil, en la que se reparten los roles entre los dos socios, uno es el poli bueno y el otro el malo, o la relaciones públicas y al que se suponía, y más por entonces, el amo del garito.
Si vamos haciendo un viaje introspectivo a nuestra niñez, la mayoría de las veces la figura materna queda suficientemente clara con todo tipo de imágenes, explicaciones y amenazas que todavía están dentro de nosotros. Sin embargo, el padre aparece poco, y la mayoría de las veces como repartidor de justicia.
Una de las frases que más hacía acordarnos de nuestro progenitor, es esa lanzada un día sí y el otro también por parte de nuestra madre cuando ciertamente al borde del paroxismo nos lanzaba aquel “se lo voy a decir a tu padre”. Y es que en el mundo de los niños, Dios siempre queda muy lejos,  y la mayoría de las veces encerrado en un templo y en una religión, y el que reparte justicia es el padre.
Como hubiera dicho una de mis abuelas, oír la palabra “padre” equivalía a que se me pararan los pulsos. Siempre me pareció enigmático ese presunto poder paterno, cuando luego muchas noches, y al llegar el susodicho a casa, recibía por razones que entonces se me escapaban, abundantes broncas por parte de mi madre, en forma de quejas, primero apresuradas, y luego más calmadas aunque con evidente aumento de decibelios.
Había algo que no lograba entender  un niño de entonces, entre el presunto poder de un padre,  y la leída de cartilla por parte de su mujer, que con el tiempo dio como resultado el pensamiento filial de que el padre tenía poder cuando se lo dejaba la madre.
Muchos años después y al conocer la célebre frase “la historia la cuentan los vencedores”, por unos instantes vi mi casa de la niñez convertida en una maqueta como la de los soldaditos de plomos en la que se libraba la batalla diaria de la vida, y en la que distinguí perfectamente quién lucía las medallas, y quién sin embargo el poder, aunque en ese momento su figura estaba junto a la cocina.

*FOTO: DE LA RED