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sábado, 13 de mayo de 2017

Los que nos fuimos a La Porra


Teniendo en cuenta lo que dijo Aquel, de que un vivo es un muerto de vacaciones, quizás convendría rebajar un mucho la importancia de todo.

Si tenemos un gobierno en el poder con más vías de agua, presuntamente, que un submarino hundido,  y no sólo se le sigue votando, sino en los últimos estudios, siguen siendo los máximos candidatos para un próximo gobierno, el punto de mira de todos nosotros debe de estar más cerca del modo “feria” que de "la verdad absoluta".

Quizás, por eso, este vecino del mundo que aprecia mucho, aunque no le conoce en persona, a Dani Rovira, al que siguen cazando, un día sí y el otro también, en Twitter, esta vez por haber dicho “Atención, hombres de España, no miréis las marquesinas en estos días. No vaya a ser que unas fotos de "Intimissimi" os tachen de machistas “, le recomendaría que al menos durante un tiempo se dedicara a practicar las artes del mimo. Más que nada, para que fuera más difícil el criticarle en 140 caracteres…

Cada vez estoy más convencido de que ese filósofo del pueblo que fue Don Miguel Gila, si hubieran existido las Redes Sociales, más de una vez se le hubiera puesto ese cartel de las películas de vaqueros, “SE BUSCA”.

Chistes como el de “Mi tía, la soltera, iba a todas las bodas, y cuando decían quiere usted por marido a…, ella contestaba: Y sino, pa mí”, ahora no serán políticamente correctos, pero sinceramente, nos lo deberíamos hacer mirar.

En estos días, el mismísimo Gila debería de variar uno de sus monólogos “…Si no aguanta una broma, que se marche del pueblo.

Y deberemos irnos los que practicamos ese humor. Y, quizás, la solución la tuviera otro humorista, éste para variar, donostiarra, y de derechas, Álvaro de Laiglesia, cuando creó en su relato “Los que se fueron a la porra”, un pueblo cercano a Madrid, La Porra, en donde vivían la mayoría de artistas incomprendidos…


Ahora, y ya para terminar, todos esos que practican lo políticamente correcto, si se quedan solos, la vida no se les va a hacer, ni más larga, ni mejor, pero se van a aburrir, “una jartá”. Porque la culpa, siempre la tienen los demás, y ahora, entonces, ya no estarán.

*FOTO: DE LA RED

domingo, 9 de noviembre de 2014

EL SÍNDROME APERRIBAY

A los seguidores de la Real Sociedad nos han hecho pasar el fin de semana desojando la margarita de quién será nuestro próximos entrenador, en una especie de “tour de force”, de si serán churras o merinas, o de si será David Moyes (el más que probable a falta del visto bueno familiar por eso de tener que abandonar su isla y trasladar el hogar familiar a Donosti) o Pepe Mel.
Siempre es bonito y atrayente un poco de suspense, lo que ocurre es que mucho hace que la rosca del suspense se rompa, y ocurra como le pasó a este vecino viendo la película “Seven” que al final le daba lo mismo quién fuera el asesino con tal de que fuera alguien.
Si ya semana tras semana el aficionado realista tiene que sufrir con los resultados, estando pendientes solo de si son malos o peores, ahora también se nos hace sufrir para saber quién es el futuro entrenador.
No hay que confundir la actuación con la sobreactuación, y me da la impresión de que un poco de ésto está ocurriendo,. 
Este vecino, mal pensado más por viejo que por demonio, está convencido de que ya está, como se suele decir, todo el pescado más que vendido, y que se está esperando a la finalización del partido de hoy, que se presupone palmaremos contra el Atlético de Madrid, para informarnos del nombre y de esa manera enjuagar un poco el resultado. Pero en realidad es más de lo mismo, aparte de perder tres puntos más por indecisión, sigue pareciendo que más que preparar una carrera de un equipo se prepara las disculpas para el próximo tropiezo. Y si se gana hoy, que ojalá ocurra, “el ruido” del nuevo entrenador será silenciado por el resultado….
Estos días de espera me han hecho acordarme de aquel relato corto del prontamente olvidado, y aunque muchos lo ignoren, en todos los sentidos, donostiarra, Álvaro de Laglesia, en el que un torero tras una gran faena sale a hombros por la puerta grande, y sus seguidores en lugar de dejarle en la propia salida de la plaza, se empeñan en llevarle, y llevarle, y llevarle a hombros, y al cabo de una hora y muy lejos de la plaza algunos al verles pensaban que aquello formaba parte de una fiesta de disfraces.
Esperemos que tanto disfraz de suspense no oculte una incapacidad para tomar decisiones en los momentos importantes, una especie de síndrome de presidente ante el peligro,  porque aunque el cambio de un entrenador tenga un coste económico, siempre es mejor a lo otro, a la inoperancia de una directiva que le tiembla el pulso ante la operación quirúrgica que requiere su club, perdón, que requiere “nuestro” club.
Señor Aperribay, los toreros saben que tienen unos pocos minutos para hacer su faena antes de que el toro “aprenda”, y el suyo no es que ha aprendido sino que se ha doctorado cumlaude.

P.S.: El partido lo ha ganado la Real Sociedad, 2-1, pero el misterio del nuevo entrenador continúa. Voy a buscar nuevas pilas para el marcapasos. 

*FOTO: DE LA RED



lunes, 30 de junio de 2014

CAUSA O EFECTO

Se dice que la vida es cruel, y lo es, sin embargo podía aún serlo más, porque nosotros, como sujetos pacientes, no nos vamos dando tanta cuenta de cómo nos hacemos, no mayores, sino viejos, porque al convivir con nosotros mismos, no nos queda otra, no somos conscientes del paulatino deterioro físico. Un buen día te das cuenta, por ejemplo oyendo la radio, que cosas que sabes tú, hechos que has vivido, tienen que ser explicados a las nuevas generaciones porque las ignoran totalmente.
Nadie recuerda ya aquel artilugio de los setenta, el denominado "comediscos", de colores chillones, más estridentes incluso que su sonido, y que te permitía, es un decir, llevar tu música a la calle. O aquellas canciones del verano de Luis Aguilé (El tío Calambres, Juanita Banana), porque en Europa ya se escuchaba a “Los Beatles”, pero como si se tratara de un comic de Asterix y Obelix, en un reducto de Europa, pequeño, pero con forma de piel de toro, no se escuchaba a los cuatro de Liverpool, sino  a Don Luis Aguilé que tenía por novia, eso decía él, a su guitarra, y que creó todo un himno para el currito de a pie, que quien más quien menos, en algún momento dado nos hemos animado a cantarlo: “Es una lata el trabajar".
Las nuevas generaciones tampoco han oído hablar de Álvaro de Laiglesia, generador de best-sellers veraniegos cuando todavía no se conocía esa palabra inglesa. La verdad es que sus libros no han resistido nada bien el paso del tiempo, pero seguro que al mismo autor, donostiarra, por cierto, eso no le hubiera preocupado, porque su arte, que lo era, partía de no tomarse nada en serio, ni a él mismo. Los mismos títulos de sus libros definen tanto su pensamiento como la época para la que fueron escritos: Un náufrago en la sopa, Todos los ombligos son redondos, y Yo soy fulana de tal.
No se puede hablar del Señor de Laiglesia sin mencionar que fue uno de los fundadores de la mejor revista satírica que ha habido en España, "La Codorníz", recordando, especialmente, que tuvo que convivir con un régimen que hacía de todo, menos reírse.
Habrá más de uno que se preguntará que si de todo lo relatado, en realidad habrá algo verdaderamente importante. Y este vecino del mundo lo tiene realmente claro en su respuesta: Todo. Porque para bien o para mal, la gente de mi generación, o de mi “degeneración”, como se quiera decir, es así por un compendio de acontecimientos, y entre ellos estaban éstos. Causa o efecto, eso es lo mismo, de toda una época, que no conviene olvidar. Para llegar a nuestros días, hemos tenido que pasar por un largo camino, en una de cuyas curvas estaba lo hoy relatado.

*FOTO: DE LA RED