jueves, 17 de enero de 2013

EN LA MEMORIA DEL PEZ


Al levantar la persiana de la ventana esta mañana, el vecino del mundo se ha sentido por un momento como se debió de sentir, y salvando las distancias, Noé después de los cuarenta días y sus respectivas noches lloviendo.
He podido comprobar que tras los muros, mis muros, sigue existiendo lo que todavía recordaba como vida.
No sé si nosotros hemos sido influenciados por el tiempo meteorológico, o es él en cierta manera el que marca nuestra manera de ser, pero ambos están desatados.
Lo de “llover a cántaros” estos días pasados se ha transformado en llover a “grandes tinajas”, lo mismo que nuestra manera, la de la sociedad actual, en comportarse.
Desde mi atalaya puedo apreciar que las actitudes ahora están muy marcadas. Todo es único. Hay tiempo para todo, pero no se mezclan los temas.
Cada mes futbolístico hay un partido del siglo. Muchas canciones son la mejor canción de la historia. El último estreno en el cine puede ser la película definitiva. En realidad es un claro truco consumista el que no hace que miremos para atrás, ni al futuro. Estamos a lo que estamos y lo que hemos adquirido, pensado, sentido, es lo mejor de todo del ahora naturalmente.
Quizás nos estamos contagiando del pez, en lo que a su memoria se refiere, y solo recordamos unos segundos, los de ahora.
No importa ni el ayer, totalmente obsoleto, ni el mañana, porque éste nunca llega. Es demasiado esperar.
Y si para el bolsillo es un no parar, desde el punto de vista de los sentimientos el panorama es árido, con un pasado que ya no cuenta, y por eso es mejor no pensar en ello, y un futuro que a quién le importa porque quizás mañana ya no estaremos.
Quizás uno de los grandes males de la sociedad actual, al menos visto desde la atalaya del vecino del mundo es no tener en cuenta al pasado para aprender de esos errores y así no volver a cometerlos.
Es una lástima cuando figuras como Mahatma Gandhi, Leonardo Da Vinci, Marie Curie, Martin Luther King..., solo son personajes que alguna vez hemos visto en el cine o en algún reportaje de la televisión. Es triste una sociedad que transforma a personas en personajes porque quizás en el proceso se pierde el alma, o como en aquel anuncio (tristemente por siempre la publicidad), la chispa de la vida.

*FOTO: DE LA RED

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